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sábado, 8 de febrero de 2020

Narcisistas y psicópatas, perfiles de personas tóxicas que van al alza | Por ALBERT DOMÈNECH

Los psicólogos alertan que el momento social actual ha dado pie al aumento de un tipo de perfil de gente sin empatía, egoístas y que usan a los demás para beneficio propio.

Todos, absolutamente todos, tenemos rasgos tóxicos. Imaginar una vida sin que alguno de nosotros haya cometido algún error o no haya tenido una actitud negativa consigo mismo y con los demás es más que una misión imposible. El ser humano no es perfecto y siempre va a tener defectos más o menos visibles, aunque en gran medida reconocibles. El problema radica en el momento en que una persona no reconoce esos rasgos o actitudes como tóxicas, y adopta una forma de vida y una estructura habitual de pensamiento en la que los demás siempre son los culpables de todo. Bernardo Stamateas, psicólogo y autor de superventas como Gente tóxica o Emociones tóxicas , define a las personas tóxicas como “adictos emocionales con muy baja empatía que necesitan hacer daño a los demás para poder sentirse bien”. Stamateas cree que el miedo y la culpa son las dos emociones básicas que utilizan para manipular a los demás, y lo hacen “de una forma premeditada, consciente y reiterada”. Por su parte, la psicóloga clínica y técnica en educación emocional, Maria Dolors Mas, matiza que “las personas suelen ser tóxicas dentro de relaciones interpersonales como la familia, el trabajo o las relaciones amorosas, contexto en el que hacen daño a través del desgaste, la intimidación, la culpa o haciendo ver que los demás no existen”. Ambos psicólogos coinciden en señalar que, en la sociedad actual, hay dos tipos de perfiles tóxicos que han ido a más y que pueden ser fácilmente reconocibles en nuestros círculos íntimos habituales: los narcisistas y los psicópatas.

Egoísmo y poder

El narcisista es el que popularmente se conoce como una persona egoísta: “No se cree la mejor obra de Dios, sino se cree directamente Dios”, explica Stamateas. El autor define a este tipo de gente como “personas que se ponen en el centro del universo y a las que los demás tienen que rendir agradecimiento y satisfacer sus deseos y caprichos porque se piensan que es una bendición que les puedan tener como parte de su vida”. El conferenciante añade que “son personas superficiales, caprichosas y que pueden llegar a ser muy agresivas verbalmente cuando los demás brillan o no le reconocen sus logros”. La psicóloga Maria Dolors Mas afirma que “es asombroso ver cómo este tipo de persona ha ido a más”, y añade que “pueden llegar incluso a desarrollar algún tipo de patología como la dismorfofobia (la fobia a ser feo) o a convertirse en adictos a la cirugía estética”. Para la terapeuta, los medios de comunicación son los principales culpables del auge de este tipo de perfil: “Presentan un modelo de persona en el que si eres alto, guapo y delgado vas a ser un símbolo de éxito a todos los niveles. Se hace una reducción tan absurda que se está dando lugar a que el narcisista haya ido a más”.

El otro perfil de persona tóxica que ha ido al alza en los últimos años el que se ha catalogado como psicópata y que va más allá del retrato de persona que conocemos por las series o películas policiales. Bernado Stamateas define al psicópata como “aquella persona que ama el poder desde cualquier ámbito y los demás se convierten en objetos de usar y tirar. El autor explica que “no establecen límites afectivos, no respetan los límites, son impulsivos y no sienten grandes remordimientos cuando hacen daño a los demás”. Stamateas completa la descripción de los psicópatas con este análisis: “Son personas que no toleran la frustración y que viven cualquier límite que le pongan como un robo de libertad”.

Cultura consumista

Ante el crecimiento de personas con estos dos perfiles, los profesionales de la psicología han tenido que abrir consulta a personas que con estos rasgos o, de manera más habitual, a gente que se ha visto afectada por la toxicidad de sus relaciones. Stamateas achaca esta tendencia al modelo de sociedad que estamos construyendo en los últimos años: “Nuestra cultura se basa cada vez más en el consumismo, inventan cosas que convertimos en necesidades y hay una preponderancia del individualismo”. Para el autor, “todos estos valores individualistas y consumistas generan un tipo de cultura en la que se pierden los vínculos amorosos y se potencian los rasgos tóxicos”. El psicólogo habla de dos tipos de relaciones: “Una es la basada en el yo te doy y recibo a cambio, que es la que más funciona en el trabajo, y luego está las que se basan en dar sin esperar ninguna contrapartida, sólo por el placer de dar”. Stamateas cree que “tenemos que construir una cultura más amorosa, que construya más vínculos sanos y huya del toma y dame”. Por su parte, Maria Dolors Mas cree que nos hemos contagiado de un tipo de carácter en el que “somos más inflexibles, dogmáticos, nos quejamos en exceso y nos frustramos con mayor facilidad”, algo que, según la terapeuta, “pasa cuando consideramos que el entorno en el que estamos no es favorable porque no contribuye a nuestro desarrollo personal o profesional”. Mas aboga por construir un tipo perfil contrario al tóxico, propio de personas y relaciones nutricias en las que “se tiene la empatía muy desarrollada y la forma de comunicación es asertiva, con mucho diálogo y disposición de solucionar los problemas”.
Hambrientos de autoestima

El desarrollo y expansión de las nuevas tecnologías y la imparable aproximación a las redes sociales ha generado, según el psicólogo Bernando Stamateas, la aparición de un nuevo perfil tóxico al que cataloga como “buscadores de miradas y de reconocimiento”. Para el terapeuta, la proliferación de este tipo de socialización está generando un nuevo perfil de usuarios que “tienen como característica principal la pérdida de identidad”. Stametas cree que el problema de compartir información a través de la red reside cuando “no hay una utilidad social, y sólo se comparte la intimidad con el objetivo de acumular las miradas de los demás. Esta gente se convierten en buscadores compulsivos de autoestima, de deseabilidad social”. El autor concluye que “esto genera la ilusión de que la estima viene de la mirada de fuera hacia dentro, cuando es justo lo contrario”.

Este tipo de perfil más moderno, comparte espacio con personas tóxicas que han sido más comunes a lo largo de la historia como el envidioso (le angustia los logros de los demás y lo único que calma su angustia es descalificar al otro), el quejoso o criticón (personas frustradas en una determinada área de su vida y que expresan ese sentimiento frustrando a los demás) o el triangulador (utilizan a otras personas de ariete para ir contra alguien al que no pueden ver, en lugar de enfrentarse ellos mismos con el problema).

Estrategias para alejarse de alguien tóxico

Es más que probable que todos coincidamos o hayamos coincidido en algún momento de nuestra vida con una persona con marcados rasgos tóxicos o con una relación que nos perjudica mucho más de lo que nos aporta. En este sentido, no es lo mismo tener que poner límites a una persona tóxica desconocida, algo más fácil de llevar a cabo porque no existen lazos afectivos, que tener que hacerlo con alguien que forma parte de nuestro entorno más cercano como puede ser la familia o el trabajo. Bernardo Stamateas recomienda como principal consejo dejar bien claro cuáles son nuestros objetivos y determinar nuestras elecciones con los vínculos afectivos: “Nuestros afectos tienen que estar basados en el amor, no en el toma y dame, por lo que lo más fácil es buscar gente que nos aporte o añada valor, no que nos reste”. Para el terapeuta también es clave enseñarles a los demás cómo queremos que nos traten: “Hay que saber explicitar qué esperamos y qué no esperamos del otro, sin dar nada por supuesto; no podemos poner límites a los demás si antes no lo hacemos con nosotros mismos”.

La técnica en educación emocional, Maria Dolors Mas, propone, por su parte, “mejorar la comunicación, reír tanto como podamos en cualquier relación interpersonal y, en el caso de estar sufriendo una relación tóxica, no obsesionarse con esa persona para evitar maltratarse a uno mismo”. Mas también cree que hay que controlar la inseguridad que provoca estar inmerso en una relación tóxica e intentar encontrar salidas que vayan más allá de focalizar nuestra vida en torno a la persona o personas tóxicas que nos rodean”. Por último Stamateas difunde una última estrategia en forma de sentencia final: “Cuando uno construye vínculos amorosos con los demás, es muy probable que la gente tóxica se aleje sola”.

lunes, 5 de agosto de 2019

Harvard derrotó al veganismo: por qué la carne es esencial | Por Gabriela Esquivada

Un estudio de la Universidad de Harvard estableció que el consumo de proteínas animales ha sido determinante para el desarrollo humano, incluso antes de que el fuego se usara para cocinar.

La apología del vegetarianismo se sostiene tanto en la crítica a la crueldad que el ser humano aplica a otros animales para convertirlos en parte de su cadena alimenticia —lo sabe cualquier persona que haya visto un documental sobre un matadero o imágenes de la cría industrial de pollos— como en la prueba médica de las enfermedades asociadas al consumo de carne, en particular roja: problemas cardiovasculares, colesterol alto, cáncer. Comer carne está mal y hace mal: la cultura popular prácticamente ha incorporado esa noción.

Pero ¿y si la presentación de esos datos se privara de un contexto adecuado, para forzar las conclusiones de una ideología alimentaria?

Un estudio de la Universidad de Harvard sobre el papel de la carne en la evolución de la especie, "Impact of meat and Lower Palaeolithic food processing techniques on chewing in humans" ("Impacto de la carne y las técnicas de procesamiento de alimentos en el Paleolítico Inferior en la masticación de los humanos") parecería indicarlo.

Al incorporar la carne a su dieta, aquellos homínidos abrieron el camino evolutivo que condujo a las características actuales del Homo erectus, entre ellas el desarrollo del cerebro.


Eso no implica que la dieta moderna ignore los beneficios de salud y ambientales de evitar la carne (la cría de animales para el consumo afecta el efecto invernadero, por ejemplo) pero sí termina con el criterio según el cual los humanos son vegetarianos por naturaleza. El nuevo análisis, resultado de los experimentos de los biólogos especialistas en evolución Katherine D. Zink y Daniel E. Lieberman, muestra que la carne jugó un papel central en la constitución de la naturaleza humana tal como se la conoce en el presente.


Hace 2.6 millones de años los ancestros del hombre moderno comenzaron a dedicar menos tiempo y menos esfuerzo a masticar —como referencia baste señalar que hoy en día los chimpancés pasan la mitad de su día haciéndolo— al agregar carne su dieta, y elaborarla sin fuego —que se incorporó hace 500.000 años— con utensilios que permitían molerla. Se estima que ese ahorro de masticación permitió la reducción del tamaño de la mandíbula, sus músculos y los dientes, a la vez que el aumento de consumo de proteína permitió que el cerebro se transformara.

Según la investigación, cuando la carne llegó a representar la tercera parte de la dieta, el número de ciclos de masticación por año se redujo en casi 2 millones o el 13%, al que habría que sumarle otro 5% por el procesamiento de la carne con instrumentos de piedra como los morteros.

Un experimento nauseabundo


Para poner a prueba su hipótesis, los científicos midieron el desempeño de humanos adultos modernos en la masticación de carne cruda de cabra ("que es relativamente dura y por eso más similar a las presas salvajes que la res domesticada", se argumenta en el estudio) y de batatas, zanahorias y remolachas, los vegetales de alto valor calórico que integraban la dieta de los proto-humanos.Los voluntarios que participaron en el experimento recibieron estos ingredientes, de manera azarosa, "sin procesar, procesados con los dos métodos mecánicos más simples disponibles para el homínido del Paleolítico inferior (cortar y moler) o asados, la forma más simple de cocinar".

Los voluntarios masticaron carne cruda de cabra, además de verduras.

Zink, la autora principal del estudio e integrante del laboratorio que dirige Lieberman, el titular de la cátedra Edwin M. Lerner de Ciencias Biológicas, solicitó a los participantes del experimento que masticaran cada bocado hasta el punto en el cual normalmente podrían tragarlo, pero que en cambio lo escupieran. "Lo que Katie hizo fue creativo, pero a veces, francamente, un poco nauseabundo", dijo Lieberman a Newswise. A continuación, Zink desplegaba la materia resultante, la fotografiaba y tomaba sus medidas.

Su análisis le permitió comprobar que los humanos no pueden comer carne cruda de modo efectivo con sus dientes. "Cuando se le da a la gente cabra cruda, mastican y mastican y mastican, y la mayor parte de la carne permanece en una masa principal", agregó Lieberman. "Es como masticar goma", dijo Zink a The New York Times. En cambio, al cortarla o molerla las diferencias en la masticación son abismales.

"Especulamos que a pesar de los muchos beneficios de cocinar para reducir las bacterias y los parásitos endógenos, y aumentar la ganancia energética", escribieron los investigadores en el texto que se publicó en Nature, "las reducciones en los músculos de la mandíbula y el tamaño de los dientes que evolucionaron hacia el Homo erectus no necesitaron del proceso de cocinar, y deben haber sido posibles por los efectos combinados de comer carne y procesar mecánicamente tanto la carne como los vegetales duros".

El estudio contradice la idea de que el fuego fue determinante en la evolución humana

El estudio destaca que la carne requiere menos fuerza masticatoria por caloría que las plantas duras generalmente disponibles para aquellos homínidos, pero sus molares chatos no podían romper las fibras de la carne cruda. De ahí la importancia del procesamiento en morteros o por corte: sin eso, los beneficios de la carne que transformaron la especie no hubieran sido posibles hasta la aparición de, por ejemplo, el fuego controlado para cocinar, unos 2,5 millones de años después del uso de estos utensilios de piedra, que datan de 3,3 millones de años.


Los alimentos y la evolución humana


La dieta del ser humano es enormemente variada, pero en principio tiene como características visibles dos elementos: la masticación, propia de los mamíferos (los reptiles, por ejemplo, apenas si muerden su alimento, en general lo tragan entero), y la elaboración: ningún otro animal transforma los ingredientes por calor, por ejemplo.

Ningún animal transforma los alimentos por calor, como hace el hombre.

La novedad del estudio de Zink y Lieberman es que contradice la idea aceptada de que el fuego fue capital para la evolución humana al brindar evidencia de que mucho antes de su uso se verificaron cambios de importancia —la reducción masiva de los dientes y los músculos de la mandíbula, el achicamiento de los intestinos, la expansión del cerebro— relacionados con la incorporación natural de la carne a la dieta. Y para hacerlo sin pasar 11 horas en promedio masticando, los precursores de la especie debieron encontrar esta suerte de atajo que constituye el procesamiento mecánico de un nutriente revolucionario.

"Los orígenes del género Homo son oscuros, pero a la altura del Homo erectus se habían desarrollado cerebros y cuerpos más grandes que, junto con campos más amplios de búsqueda de alimentos, habrían incrementado las necesidades energéticas de los homínidos", comienza el texto que sintetiza el experimento. "No obstante, el Homo erectus se diferencia de los homínidos anteriores porque tiene dientes relativamente más pequeños, músculos masticadores reducidos, una menos fuerza máxima de mordida y un intestino relativamente más pequeño".

Los científicos ignoran aún cuáles fueron las presiones ambientales o de otra índole que forzaron esos cambios. Pero establecieron algo importante: "No hubieran sido posibles sin un aumento del consumo de carne en combinación con la tecnología de procesamiento de los alimentos".

jueves, 13 de junio de 2019

El teatro como herramienta educativa: estimulación sensorial y desarrollo cognitivo | Por Haydee Mesa


“Es imposible separar los sentidos de la Inteligencia”. Estimular la sensorialidad de tu alumno lo ayudará a desarrollar sus capacidades cognitivas. En esto el teatro puede serte de gran ayuda, ya que el teatro “es para el corazón y los sentidos y no sólo un mero debate intelectual, sino una mordedura en el alma que acompaña a toda verdadera sensación. Este es el único camino para alcanzar la sensibilidad del espectador en todas sus caras”, tal y como afirmaba Antonin Artaud, poeta, dramaturgo, actor y director de teatro y cine francés.

El actor, por tanto, es un profesional, un verdadero atleta de los sentidos que juega con ellos para transmitir sensaciones y emociones al espectador.

Estimulación sensorial y desarrollo cognitivo


A continuación apuntamos 5 motivos por los que tu alumnado debe mantener activa y desarrollar su sensorialidad cuando hace teatro. O dicho de otro modo, os exponemos 5 razones para introducir el teatro como asignatura en las escuelas:

- COMO FUENTE DE INSPIRACIÓN.


Unos sentidos bien desarrollados permiten un mayor contacto con el mundo cognitivo: con la naturaleza, con la vida, con el ¿De qué otro lugar podría si no sacar su inspiración la creatividad y la imaginación del artista?

- COMO BASE PARA REPRODUCIR SENSACIONES CONCRETAS.


El alumno ha de ser capaz de reproducir una sensación concreta en escena. Por ejemplo, si el personaje necesita transmitir frialdad puede apoyarse en la sensación física de un chorro de agua fría cayendo por su espalda sirviéndose de su memoria sensorial.

- COMO PUERTA PARA LA ENTRADA A LA EMOCIÓN.


Los sentidos y las sensaciones son la puerta de acceso al mundo emocional.

- COMO PLATAFORMA PARA EL DESARROLLO DE SUS CAPACIDADES INTELECTUALES.


Al dar sentido e interpretar la información percibida por nuestros sentidos creamos nuestros concepto e implicamos a la memoria, la percepción y la atención.

- COMO VÍA PARA INTERACTUAR CON EL ESTÍMULO ESCÉNICO.


Unos sentidos despiertos permiten escuchar al otro y a lo que sucede en el escenario y reaccionar acorde al estímulo para conseguir una verdad escénica.

En definitiva, en el teatro, el actor trabaja desde sus sentidos mediante “gestos, signos, actitudes, y sonoridades para los sentidos del espectador con la intención de conseguir un efecto en todos sus niveles de conciencia” Antonin Artaud.

lunes, 28 de enero de 2019

Azúcar, un 'veneno' muy dulce: revelan un nuevo efecto dañino del consumo excesivo.

El consumo excesivo de azúcar no solo provoca un deterioro de las cavidades dentales, diabetes u obesidad. Una reciente investigación apunta a que también afecta negativamente al sistema sanguíneo y puede provocar una insuficiencia en los órganos internos.
El Departamento de nutrición, ejercicio y deporte de la Universidad de Copenhague ha realizado un estudio para medir las consecuencias del hábito de beber gaseosas —o bebidas azucaradas— diariamente. Durante dos semanas, 12 voluntarios ingirieron 225 gramos de azúcar diariamente, lo que equivale a 5 latas de refresco gaseoso. Al término de la prueba, los investigadores estudiaron su circulación sanguínea.

Los resultados mostraron que el bombeo de sangre a los pies disminuyó en un 17% en comparación con los niveles anteriores a la prueba. Los nutricionistas destacan que los órganos vitales, como el cerebro y el corazón, son los primeros en sufrir un descenso acusado del flujo sanguíneo.

Sin embargo, los expertos llaman a no excluir por completo el consumo de azucares, sino a abstenerse del hábito de su consumo excesivo y llevar una dieta variada y moderada.

"Medio litro de cola de vez en cuando no le hará ningún daño, siempre y cuando coma saludablemente y tenga una dieta variada", indica la profesora Ylva Hellsten, coautora del estudio, citada por The Copenhagen Post.

Este sería un buen ejemplo del dicho "una vez al año, no hace daño". Ciertas cantidades de glucosa son imprescindibles, ya que esta abastece nuestro organismo de energía para su funcionamiento diario. Nuestro cerebro y el sistema nervioso, por ejemplo, consumen como media hasta el 20% de toda la energía que gastamos en estado pasivo.

Además, nuestro organismo tiene la capacidad de restaurarse y limpiarse por sí solo, siempre y cuando no lo sobrecarguemos más de lo que pueda procesar. Para una persona adulta y saludable, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un consumo diario de azúcar equivalente a unos 25 gramos (aproximadamente 6 cucharaditas de café).

La mayoría de productos que ingerimos diariamente probablemente ya sumen esos 25 gramos de azúcar, por lo que su consumo 'extra' tendría que estar totalmente excluido.