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martes, 25 de febrero de 2020

Anarquía y la cuestión sexual | Por Emma Goldman (1896)

El obrero, cuya fuerza y musculatura son tan admiradas por los pálidos y enclenques hijos de los ricos, y que sin embargo cuya labor apenas le trae suficiente como para mantener al lobo de la inanición tras la puerta, se casa solo para tener una esposa y ama de casa, quien debe trabajar como esclava desde la mañana hasta la noche, quien debe hacer todo esfuerzo por mantener bajos los gastos. Sus nervios están tan cansados por el continuo esfuerzo por hacer que el lamentable salario de su esposo les sustente a ambos, que se torna ella irritable y ya no logra esconder su deseo de afecto por su señor y amo, quien, ay! pronto llega a la conclusión de que sus esperanzas y planes se han perdido, y entonces comienza prácticamente a pensar que el matrimonio es un fracaso.

LA CADENA SE VUELVE MÁS Y MÁS PESADA

A medida que los gastos se vuelven mayores en vez de menores, la esposa, que ha perdido toda la pequeña fortaleza que tenía en el matrimonio, de igual modo se siente traicionada, y la constante preocupación y temor de la inanición consume su belleza en corto tiempo después del casamiento. Se desanima, abandona sus tareas domésticas, y como no hay lazos de amor y simpatía entre ella y su esposo como para darles fuerzas para enfrentar la miseria y la pobreza de sus vidas, en vez de aferrarse el uno al otro, se separan más y más, y se impacientan más y más con las faltas de cada cual.

El hombre no puede, como el millonario, ir a su club, pero va a un salón e intenta ahogar su miseria en un vaso de cerveza o whiskey. La desafortunada compañera de su miseria, que es demasiado honesta como para buscar el olvido en los brazos de un amante, y demasiado pobre como para permitirse cualquier recreación o diversión legítima, permanece en medio del entorno escuálido y mantenido a medias que llama hogar, y lamenta agriamente la locura que le llevó a ser esposa de un hombre pobre.

    Sin embargo no hay modo en que se separen.

PERO DEBEN AGUANTÁRSELAS

Por mortificante que sea la cadena que en sus cuellos ha sido puesta por la ley y la Iglesia, no debe ser rota a menos que aquellas dos personas decidan permitir que lo sea.

Fuese la ley lo suficientemente misericordiosa como para concederles libertad, cada detalle de su vida privada debe ser llevada a la luz. La mujer es condenada por la opinión pública y su vida completa es arruinada. El temor a esta desgracia con frecuencia le hace colapsar bajo el gran peso de la vida de casada sin atreverse a introducir una sola protesta contra el indignante sistema que la ha destrozado a ella y a tantas de sus hermanas.

Los ricos lo aguantan para evitar el escándalo — los pobres por el bien de sus hijos y el temor a la opinión pública. Sus vidas son una larga seguidilla de hipocresía y engaño.
    La mujer que vende sus favores está en libertad de abandonar al hombre que la compra en cualquier momento, mientras “la respetable esposa” no se puede liberar de una unión que le es mortificante.

Todas las uniones no naturales que no son santificadas por el amor son prostitución, ya sea sancionadas por la Iglesia y la sociedad o no. Tales uniones no pueden tener más que una influencia degradante tanto en la moral como en la salud de la sociedad.

EL SISTEMA TIENE LA CULPA

El sistema que obliga a las mujeres a vender su femineidad e independencia al mejor postor es una rama del mismo vil sistema que le da a unos pocos el derecho a vivir de la riqueza producida por su prójimo, el 99 por ciento de los cuales debe esforzarse y trabajar como esclavo temprano y tarde por apenas lo suficiente para mantener unidos alma y cuerpo, mientras los frutos de su trabajo son absorbidos por unos cuantos vampiros ociosos que se rodean de todo el lujo que la riqueza pueda comprar.

Miremos por un momento dos imágenes de este sistema social decimonónico.

Miremos los hogares de los adinerados, aquellos palacios magníficos cuyo costoso amoblado pondría a miles de hombres y mujeres necesitados en circunstancias confortables. Miremos a las fiestas y cenas de estos hijos e hijas de la riqueza, una sola corrida de las cuales alimentaría a cientos de hambrientos para quienes una comida llena de pan remojado en agua es un lujo. Miremos a estos religiosos de la moda mientras pasan sus días inventando nuevos modos de goce egoísta — teatros, bailes, conciertos, paseos en yate, corriendo de un lado del mundo al otro en su búsqueda demente por regocijo y placer. Y luego giremos por un momento y miremos a quienes producen la riqueza que paga estos disfrutes excesivos y artificiales.

LA OTRA IMAGEN

Mírenlos arreados en sótanos oscuros y húmedos, donde nunca tienen un respiro de aire fresco, vestidos con retazos, llevando sus cargas de miseria de la cuna a la tumba, sus hijos corriendo por las calles, desnudos, con hambre, sin nadie que les ofrezca una palabra de amor o un cuidado con ternura, creciendo en la ignorancia y la superstición, maldiciendo el día de su nacimiento.

Miren estos dos asombrosos contrastes, ustedes moralistas y filántropos, y díganme a quién hay que culpar por ello! ¿A aquellas que son conducidas a la prostitución, ya sea legal o no, o a aquellos que conducen a las víctimas a tamaña desmoralización?

La causa yace no en la prostitución, sino en la sociedad misma; en el sistema de desigualdad de la propiedad privada y en el Estado y la Iglesia. En el sistema legalizado de robo, asesinato y violación de mujeres inocentes y niños desamparados.

LA CURA PARA EL MAL

No será hasta que este monstruo sea destruido que nos desharemos de la enfermedad que existe en el Senado y todos los cargos públicos; en las casas de los ricos como también en los miserables caserones de los pobres. La humanidad debe hacerse consciente de su fuerza y sus capacidades, debe ser libre de comenzar una nueva vida, una mejor y más noble vida.

La prostitución nunca será suprimida por los medios empleados por el Rev. Dr. Parkhurst y otros reformistas. Existirá mientras exista el sistema que la engendra.

Cuando todos estos reformistas unan sus esfuerzos con quienes están luchando por abolir el sistema que engendra este crimen de toda descripción y erigir uno basado en la equidad perfecta — un sistema que garantice a cada miembro, hombre, mujer, o niño, los frutos totales de su labor y un derecho perfectamente igual a disfrutar los dones de la naturaleza y a alcanzar el más alto conocimiento — la mujer será auto-suficiente e independiente. Su salud ya no será aplastada por el esfuerzo y la esclavitud sin fin, ya no será víctima del hombre, y el hombre ya no poseerá pasiones y vicios nada saludables y antinaturales.

EL SUEÑO DE UNA ANARQUISTA

Cada cual entrará al matrimonio con fuerza física y confianza moral mutua. Cada cual amará y estimará al otro, y ayudará a trabajar no solo por su propio bienestar, sino, siendo felices ellos mismos, desearán también la felicidad universal de la humanidad. La prole de tales uniones será fuerte y sana de mente y cuerpo y honrará y respetará a sus padres, no por que sea su deber hacerlo, sino porque los padres lo merecen. Serán instruidos y cuidados por la comunidad toda y serán libres de seguir sus propias inclinaciones, y no habrá necesidad de enseñarles el servilismo y el vil arte de asediar a sus semejantes. Su propósito en la vida será, no obtener poder por sobre sus hermanos, sino ganarse el respeto y la estima de cada miembro de la comunidad.

DIVORCIO ANARQUISTA

Si la unión de un hombre y una mujer probase ser insatisfactoria y desagradable para ellos, se separarán de manera tranquila y amistosa, y no viciarán las diversos vínculos del matrimonio continuando con una unión incompatible.

Si, en vez de perseguir a las víctimas, los reformistas de hoy unen sus esfuerzos para erradicar la causa, la prostitución ya no deshonrará más a la humanidad.

Reprimir a una clase y proteger a otra es peor que la demencia. Es criminal. No aparten sus cabezas, ustedes hombres y mujeres morales.

No permitan que su prejuicio les influya: miren el asunto desde un punto de vista imparcial.
    En vez de ejercer su fuerza inútilmente, unan las manos y ayuden a abolir el sistema corrupto y enfermo.

Si la vida conyugal no les ha despojado el honor y el respeto por sí mismos, si no tienen más que amor por quienes ustedes llaman sus hijos, deben, por su propio bien como por el de ellos, buscar la emancipación y establecer la libertad. Entonces, y solo entonces, los males del matrimonio cesarán.

The Alarm, 27 de Septiembre de 1896
Traducción al castellano: @rebeldealegre

viernes, 8 de noviembre de 2019

María Remedios Del Valle Rosas: La Madre "Negra" de la Patria | Por Juan O. Wayar

La Madre de la Patria Lucho en la Batalla de Salta

A esta Mujer muchos no la habrán escuchado nombrar jamás, menos en la Escuela, ni siquiera en los Libros de Historia.

Pero fue considerada por todos los Héroes de la Independencia como la Madre de la Patria. Fue la única mujer admitida por Belgrano en su ejército y hasta le había conferido el grado de Capitana por su arrojo y valor. Lo libros de Historia no la nombran quizás porque Mitre (quien ha escrito la Historia Argentina y en la que se baso casi todo lo que se enseño en las escuelas) no podía permitir que una mujer fuera madre y soldado, heroína y negra, benemérita y pobre, todo a la vez, y por eso no la sumo a la Historia Argentina.

Esta Mujer se llamaba María Remedios del Valle una AfroArgentina que desde el 6 de julio de 1810, cuando partió la primera expedición destinada al Alto Perú al mando de Ortiz de Ocampo, acompañó a su marido, a un hijo de la sangre y a otro adoptivo, del corazón, los tres muertos en esas acciones. La “parda” María, como se la menciona en algunos partes militares, combatió en Huaqui (julio de 1811), vivió las peripecias de esa trágica retirada del Alto Perú y luego el éxodo jujeño. Volvió a combatir en la victoria de Tucumán. El 23 de septiembre de 1812, en la víspera de la batalla, se presentó ante Belgrano y le suplicó que la dejara asistir a los heridos que se amontonaban en las primeras líneas. Belgrano se negó: el campo de batalla, no era cosa de mujeres. No tuvo en cuenta que el ansia de la libertad no sabe de géneros. Remedios del Valle actuó en la retaguardia desafiando las órdenes del general. Pronto se convirtió en leyenda entre la tropa, que comenzó a llamarla de boca del Gral Lamadrid, la Madre de la Patria. Belgrano terminó cediendo: fue la única mujer admitida en su milicia. También lucho en la Batalla Salta y en mérito a su valor, Belgrano la nombró Capitana. El historiador salteño Carlos Ibarguren, quien la rescató del olvido, contó que cuando alguien le preguntaba por las enormes cicatrices que llevaba en sus brazos, y ella respondía que había sido herida en la Guerra de la Independencia, la gente murmuraba por lo bajo: “pobrecita, está loca”.

La Capitanía supo defender la incipiente Nación y conocer las trágicas derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, donde nuevamente su valor se hizo presente, siempre con un grito de aliento, curando heridos, sacando fuerzas de donde ya no había. En esta última batalla fue tomada prisionera por los realistas de Pezuela, Ramírez y Tacón, que la condenaron a ser azotada públicamente a lo largo de nueve días. Pero María al final de ellos pudo fugarse de sus verdugos y reintegrarse a la lucha contra el enemigo operando como correo en el peligroso territorio ocupado por los invasores. Su expediente señala, entre otras cosas, que estuvo siete veces en capilla, o sea a punto de ser fusilada, y que a lo largo de su carrera militar recibió seis heridas graves de bala. No fue fácil que las autoridades de Buenos Aires le reconocieran el grado de Capitana, con el sueldo correspondiente, pero lo logró aunque luego de la independencia, como ocurrió con tantas otras y tantos otros patriotas, el Estado dejó de pagárselo.

Tan solo 12 años después de Nuestra Independencia, María ya deambulaba mendigando por la Plaza de la Victoria y las Iglesias del centro de Buenos Aires. Al verla, el general Juan José Viamonte, le preguntó su nombre.

María Remedios del Valle, respondió. Es ‘La Capitana’, la que nos acompañó al Alto Perú, es una heroína! Exclamó Viamonte. Condolido de su suerte le gestionó una pensión que no prosperó. El proyecto fue tratado en la Legislatura, pero algunos Diputados pidieron informes y alegaron que Buenos Aires no podía recompensar por servicios prestados a la Nación. Entonces Viamonte expresó: «Yo no hubiera tomado la palabra porque me cuesta mucho trabajo hablar, si no hubiese visto que se echan de menos documentos y datos. Yo conocí a esta mujer en el Alto Perú y la reconozco ahora aquí, cuando vive pidiendo limosna… Esta mujer es realmente una benemérita. Es bien digna de ser atendida porque presenta su cuerpo lleno de heridas de bala, y lleno también de las cicatrices por los azotes recibidos de los enemigos, y no se debe permitir que deba mendigar como lo hace».

El doctor Tomás de Anchorena, quien había sido secretario del general Belgrano en la campaña del Alto Perú, dijo: «Era la única persona de su sexo a quien el riguroso Belgrano permitía seguir la campaña del ejército, cuando eran tantas las que lo intentaban. Todos la elogiaban por su caridad, por los cuidados que prodigaba a los heridos y mutilados, y por su voluntad esforzada de atender a los que sufrían. Su misma humildad es lo que más la recomienda» Se acordó reconocerle un sueldo, crear una comisión que redactase y publicase su biografía y diseñase un monumento en gratitud a sus servicios. Nada de eso ocurrió. Tantos papeles, tantas palabras laudatorias se tradujeron en 30 míseros pesos mensuales. La “Madre de la Patria” se las tenía que arreglar con un peso por día en una ciudad bastante cara donde la carne costaba dos pesos la libra y la yerba 70 centavos.

Tiempo después Rosas la integró a la plana mayor inactiva (es decir, como retirada), con el grado de sargento mayor, por lo que decidió adoptar un nuevo nombre: Mercedes Rosas. Así figuró en la revista de grados militares hasta su muerte, en 1847 que la encontró Pobre y desahuciada por su Nación. Esta que había luchado desde los comienzos mismos forjando nuestra Patria y como heroicas medallas tan solo tuvo los látigos y las balas que grabaron su cuerpo, tan solo tuvo la fría caricia de la muerte como un bien y el olvido postrero de su Pueblo.

No hubo monumento ni biografía para María. Pasaron casi doscientos años y muy pocas cosas se hicieron en su memoria tan solo un calle y una escuela de Argentina llevan su Nombre. Hoy a días de la Batalla de Salta donde supo luchar la recuerdo y digo Viva la Madre de la Patria!!! Viva la Sangre de los Héroes olvidados, VIVA LA LIBERTAD !!!!

Extracto del Libro "Astillas Históricas de Salta", de Juan Oscar Wayar.

martes, 18 de junio de 2019

La lucha de Norma Plá

Un 18 de junio, pero de 1996, nos dejaba Norma Beatriz Guimil de Plá.
"Antes del final, por allá, bien por allá, vimos llegar a Norma Plá, gritando y volviendo a gritar, por la paz de tus últimos días... 'Siempre vamos a ganar, somos más pueblo que policías'." 

Con su mano derecha se agarra de una puerta de hierro de Tribunales, con la izquierda sostiene, como si fuese un trofeo, la gorra de un policía. Su boca abierta inmortaliza el gesto de resistencia y lucha. Ella es Norma Plá, la jubilada que peleó contra las políticas neoliberales del gobierno de Carlos Menem y Domingo Cavallo. La imagen fue tomada por Don Rypka en 1991, en el marco de una movilización a Tribunales para exigir que se aplicaran las sentencias que reconocían los reclamos para la actualización de los haberes jubilatorios.

Norma Plá fue una de las voces disidentes que tomaron notoriedad pública en los primeros años de la década del 90. La defensora más combativa y representativa de los jubilados, fue quien tomó la posta del reclamo de los pensionados que eran castigados por las políticas menemistas. El pedido era por $450 pero la lucha era por dignidad y reconocimiento de toda una vida de trabajo y aportes.

Siempre fue perseguida por ser una molestia para el poder, sobre todo por su particular forma de visibilizar la lucha. En una ocasión organizó una choriceada frente a la Embajada de Inglaterra en repudio a la visita del príncipe Andrés.

Fue arrestada y esa vez dijo: “Siempre estoy detenida, pero no por ladrona ni por corrupta, sino por decirle la verdad a estos señores que nos están apaleando constantemente, pero la vamos a seguir. Somos más pueblo que milicos, que no se olviden de eso”.

Junto a otros jubilados, acampó durante 80 días en la Plaza Lavalle, frente a Tribunales. También encabezó las rondas que realizaban todos los miércoles en el Congreso.

El 5 junio de 1991, con sus compañeros de lucha, logró entrar al Congreso donde se encontraba el ministro de economía Domingo Cavallo, que estaba rindiendo cuentas a una comisión parlamentaria. Pudo interceptarlo para que se reuniera con ella en una oficina con las cámaras de televisión como testigo. Cavallo en un claro acto de desesperación se largó a llorar recordando que sus padres también eran jubilados.


   Ante las cínicas lagrimas del ministro, Plá le respondió: “No llore señor ministro, no llore. Tenga fuerza para defender lo suyo. Usted tiene madre pero seguro que no está en la Plaza Lavalle con nosotros. Debe estar mejor”.

Luego de pelear contra un cáncer de mama, el 18 de junio de 1996 a sus 63 años, Norma Plá falleció en su casa de Temperley. Su última voluntad fue que sus cenizas fuesen esparcidas en la Plaza Lavalle, en ese lugar que tantos días la vio luchar.

 Hoy, después de más 25 años y con la derecha más recalcitrante en el gobierno, los derechos de los jubilados vuelven a ser avasallados, y no queda otra que tomar el ejemplo de referentes como Plá. En abril 1994, estando como invitada en el programa Polémica en el Bar, conducido por el menemista Gerardo Sofovich, supo plantar su posición ante una mesa claramente oficialista.

En esa ocasión ante una pregunta de Luis Beldi por sus métodos de reclamo en el Congreso, ella respondió  enérgicamente: “Porque me ponen vallas cuando yo voy a pedir lo mío, lo que he aportado durante 42 años. La violencia la está dando el señor presidente al ponernos detrás de las vallas los batatas (policías) pagados por nosotros”.

jueves, 7 de marzo de 2019

Mujeres Libres: las anarquistas que revolucionaron la clase obrera | Por Beatriz Asuar Gallego.

Mujeres Libres, el grupo más numeroso de mujeres anarquistas / CGT
A finales de la II República unas 21.000 anarquistas se agruparon formando el primer movimiento feminista radical de auténtica base popular en España. Uno de los grupos precursores de reivindicaciones por la liberación de género que, tantos años después, siguen estando presentes en la actualidad.
Se dice de la historia que la escriben los vencedores, pero lo que no se dice es que los vencedores, casi en su totalidad, son hombres. Y, tampoco se dice, que estos suelen olvidarse de las mujeres: si echamos una mirada hacia atrás y pensamos en los grandes momentos de cambio de la humanidad, o en las grandes revoluciones, ningún o casi ningún nombre de mujer nos viene a la cabeza.
La historia de España no ha sido menos dura con las mujeres, enterrando durante muchos años el papel que tuvieron durante la época más revuelta del país, la Guerra Civil. Sin embargo, organizaciones sociales intentan constantemente hacer un hueco en nuestra memoria colectiva y enfrentar el olvido. Como ejemplo, CGT y Mujeres Anarquistas con la Agrupación de Mujeres Libres, que éste 2019 hace 82 años de su fundación. Una organización que se conformó entonces como el primer movimiento feminista radical de auténtica base popular y precursor en la lucha por reivindicaciones que, tantos años después, siguen estando presentes en la actualidad.
¿Cómo nacieron? A finales de la II República en una dinámica política y cultural que abría nuevas posibilidades para la participación de las mujeres en la lucha social. CNT, la Confederación Nacional del Trabajo, era desde 1910 la central sindical principal orientada por el anarquismo, de la que después derivó la CGT. Un sindicato que contaba con una presencia alta de mujeres y que reconocían los derechos laborales básicos como la libertad económica o la igualdad de salario, pero en el que poco se ideaban iniciativas de luchas específicas.
" Las mujeres marcaron su propio camino en el anarquismo y en 1936 crearon su propia organización "
Ante esto, las mujeres necesitaron marcar su propio camino. En Barcelona, núcleo principal del movimiento anarquista, se fundó en 1934 el Grupo Cultural Femenino, pionero de las articulaciones de mujeres dentro del sindicato. Pero el estallido de la guerra civil cambió el ritmo de las formaciones, avanzaron y decidieron entonces crear su propia organización. El 2 de mayo de 1936 varias mujeres publicaron el primer número de la revista Mujeres Libres que, como relata Paula Ruíz Roa, responsable de la secretaría de la mujer de CGT "sirvió de base para la constitución del grupo libertario y la organización de su primer primer - y único - congreso que pudieron realizar en agosto de 1937". En poco tiempo, pasaron a contar con 147 agrupaciones locales y 21.000 mujeres afiliadas.

El primer grupo autónomo de mujeres

Desde sus inicios, Mujeres Libres se formaron como un grupo totalmente autónomo. La mayoría de las militantes ya formaban parte de otras organizaciones del movimiento libertario – CNT, FAI, Juventudes Libertarias -, sin embargo, no se subordinaron a ninguna de las estructuras previas.
Cartel de Mujeres Libres
Esta fue una batalla de las anarquistas por el rechazo que generó dentro del movimiento libertario una organización sólo de mujeres: "Fueron ellas quienes hicieron ver que era necesario separar las organizaciones de toda la clase trabajadora de las organizaciones de las mujeres para diferenciar las reivindicaciones de ambos, porque dentro de la lucha de la clase obrera no se le daba la importancia que tenían", explica a Público el actual secretario de CGT, José Manuel Muñoz Póliz.
La escritora e historiadora estadounidense Martha Ackelsberg señala que el mayor logro de la organización fue ser las "pioneras de las organizaciones feministas" y "unir la lucha contra la explotación capitalista con la opresión patriarcal". Así fue, Mujeres Libres seguía la línea ideológica de CNT, pero desarrolló su propio objetivo: emancipar a la mujer de la triple esclavitud, "esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud productora". Con el inicio de la guerra, se marcaron otra meta, "aportar una ayuda ordenada y eficiente a la defensa de la República".

Reivindicaciones aún presentes en la actualidad

"Lo que más llama de atención de este grupo es cómo plantean la problemática de la mujer. Sobre todo en aquella época, con temas que abarcan desde la abolición de la prostitución, la educación mixta, comedores o guarderías populares o el amor libre. Reivindicaciones que llegan a la mayoría de izquierda mucho después, en la década de los 70", cuenta el historiador brasileño Thiago Lemos Silva, que ha estudiado durante más de diez años la historia de esta agrupación.
Desde sus inicios reclamaron la importancia de la incorporación de la mujer al trabajo asalariado, realizando múltiples trabajos, además de las actividades de retaguardia: desde la alfabetización hasta la capacitación en el trabajo en todas los sectores laborales. Y, para que esta incorporación no fuera una doble carga para las mujeres, reclamaban – igual que en la actualidad- y pusieron en marcha comedores y guarderías populares en los lugares de trabajo.
" Trabajaron en la retaguardia y en las fábricas, alfabetizando y capacitando a centenares de mujeres "
Rompieron con la idea de que el hogar y las relaciones de pareja eran privadas: denunciaban con fervor el control dentro de la propia pareja y desde el propio estado e Iglesia católica. Proclamaban el amor libre y denunciaban que el modelo tradicional de familia fomenta las desigualdades. Por un lado, porque mantiene las dependencias económicas en la que se sustenta el patriarcado. Por otro, porque ampara la sumisión de las mujeres a los hombres dentro de la familia por lo que carecían de todo derecho de expresarse en ella.
Otro de los temas que más destacaron fue la educación infantil. Aseguraban que en las escuelas se adquiere una mentalidad encasillada por los valores burgueses por lo que era esencial que la educación diese un giro total potenciando una escuela para la libertad. Dentro de la educación, además, reclamaban la necesidad de la educación sexual, planteando temas hasta entonces tabúes como los métodos anticonceptivos o el aborto.
Revista Mujeres Libres, Barcelona, nº 11.

La represión contra las anarquistas

Como con casi todos los grupos revolucionarios la represión durante la guerra por parte de las tropas franquistas fueron colosales. Más con los grupos de mujeres como éste que suponían un doble peligro al no luchar sólo por la emancipación de la clase obrera, sino también por la emancipación de la mujer.
Parece una tarea imposible documentar el número exacto de mujeres que pasaron por el calvilcio de la tortura, de los asesinatos, de las desapariciones y de la violencia sexual. Pero sí sabemos que al igual que, como la mayoría de milicianas y militantes, las integrantes de Mujeres Libres acabaron en la cárcel, en el exilio, o, en el mejor de los casos, sometidas a un silencio absoluto negando haber participado en esta organización. Ni desde el extranjero consiguieron mantener estructuras organizadas en la clandestinidad, por lo que a los tres años, en 1939, Mujeres Libres acabó disolviéndose. Aunque sí han mantenido un legado: "crearon un gran deseo en las mujeres de libertad en todas nosotras", afirma Ruíz Roa. Y es que, como también señala Thiago, "hay que conocer la historia de estas mujeres para poder cuestionar el machismo".